
Cooperación Sur-Sur en la Era Digital
La revolución digital ha reconfigurado las relaciones de poder a nivel global, creando nuevas formas de dependencia pero también abriendo oportunidades inéditas para la cooperación entre países del Sur. Este estudio examina cómo las naciones en desarrollo están construyendo alianzas tecnológicas que desafían el tradicional modelo de transferencia Norte-Sur y proponen alternativas más horizontales y equitativas.
Un ejemplo paradigmático es el despliegue de infraestructura de telecomunicaciones. Mientras que durante décadas los cables submarinos de fibra óptica conectaban al Sur Global principalmente a través de rutas que pasaban por Europa o Estados Unidos, proyectos recientes como el cable 2Africa —que rodea el continente africano y conecta directamente con Asia— están transformando la geografía digital. Iniciativas similares en América Latina, como los proyectos de cables transpacíficos y transatlánticos impulsados por consorcios del Sur, buscan reducir la latencia y la dependencia de infraestructuras controladas por corporaciones del Norte.
La soberanía digital se ha convertido en un concepto central en las políticas tecnológicas del Sur Global. India, con su programa Digital India y su ecosistema de pagos UPI, ha demostrado que es posible desarrollar plataformas tecnológicas de escala masiva sin depender de corporaciones extranjeras. Brasil avanza en regulaciones de protección de datos inspiradas en el GDPR europeo pero adaptadas a su realidad. China, por su parte, ha construido un ecosistema digital prácticamente autónomo que sirve como referencia —y también como advertencia— sobre los límites de la soberanía digital.
La cooperación Sur-Sur en el ámbito digital no se limita a la infraestructura física. Programas de intercambio de conocimiento en inteligencia artificial, ciberseguridad y gobierno digital entre países como India, Brasil, Sudáfrica y Nigeria están creando capacidades que hace una década parecían reservadas exclusivamente a las grandes potencias tecnológicas. El desafío pendiente es institucionalizar estos mecanismos de cooperación y garantizar que la brecha digital interna de cada país no reproduzca las desigualdades que se buscan superar a nivel internacional.